Día del periodista

Hoy, 7 de junio, es el día del periodista. En vista de ello es que desde aquí, desde Pichincha decimos:

A todos los que desde la inmensidad de la falta de trascendencia pública, desde las imprentas escondidas, desde las notas perdidas en los diarios mantuvieron y mantienen la conciencia limpia.

A todos los que están perdidos en las redacciones y en la lectura de boletines informativos, los que laburan deslomándose para que después la gloria se la lleve otro, los que van en el móvil de aquí para allá, los que en definitiva hacen por el periodismo y por nosotros mucho más que ciertas rutilantes estrellas a las que más de una vez creemos dueños de la verdad absoluta.

A todos los que entienden que este trabajo no es bombardear a la gente con decenas de noticias para que terminemos sin comprender ninguna y se remiten al análisis de unas pocas y trascendentes para que comprendamos algunas más.

A todos los que jamás aceptaron ni aceptarán ni uno solo de los contundentes billetes que se ofrecen para promocionar a algún político, para hablar bien de alguna empresa, para meter violín en bolsa cuando se trata de denuncias jorobadas.

A todos los que se dedicaron y se dedican al espectáculo y no aceptaron ni aceptarán nunca las coimas de las distribuidoras para que una película o una obra de teatro sean comentadas según el valor del soborno.

A todos los que se dedicaron al deporte y no aceptaron ni aceptarán las coimas de dirigentes e intermediarios para inflar la categoría y el precio de venta de los jugadores.

A todos los que se dedicaron y dedican a la economía y no aceptaron ni aceptarán nunca las coimas de los factores de poder para tirar versiones sobre el dólar, para generar maniobras en la bolsa, para estimular corridas bancarias.

A todos los que hacen policiales, pero no el juego de redacción macabro y morboso y a todos los que pelean día a día con el secretario de redacción para que las tapas dejen de ser un compendio de mentiras y efectismos destinados a la venta fácil.

A todos los que no se olvidan de las denuncias y de los dramas nacionales al día siguiente de consignarlos porque dejaron, justamente, de estar en el diario.

A todos los jefes que no mandan cronistas a cubrir lo que no saben pasando papelones y a todos los cronistas que, cuando no saben, cierran la boca para no pasarlos.

A “El Porteño”, “Humor”, “Nueva Presencia” y a todos aquellos -muy pocos- que alzaron la voz y pusieron lo que había que poner bajo un par de botas, cuando el genocidio atroz del 76 al 83.

A todos los periodistas desaparecidos.

A todos los que entienden la radio como un medio con expresión propia, un vínculo de cultura, un espejo de la ciudad y no como un mero reproductor de la prensa gráfica.

A todos los que prefieren los inundados a la tapa de New York Times, los desocupados a la temperatura en Washington, el esfuerzo del análisis propio a la comodidad del ajeno y como dice Serrat, las voces de la calle a las del diccionario.

A esos todos, pero nada más que a esos todos, feliz día del periodista. ◊

Marcelo Costa
7 de junio de 2007

Volver arriba / Volver al Directorio