Al Gran Pueblo Argentino

Gregorio Echeverría

 


Llegamos a este 25 de Mayo con mucha carga.
Tal vez convenga hacer un poco de limpieza en nuestro espíritu, que al menos para mí es el lugar preferido de trabajo.
Citando palabras que parecen a tono con la circunstancia, "no se guarda vino nuevo en odres viejos."

Estamos dejando atrás -quiero creerlo- una larga etapa de errores y desencuentros.
De andar -por volver a la fuente bíblica- deambulando por el desierto, víctimas del hambre, de la sed, de los ladrones, del miedo, de la desesperanza.
Un país de espaldas a sus raíces y a su historia, un pueblo sin idea del hacia dónde ni del para qué.
Un territorio poblado por gentes sin proyecto de país y sin vocación de nación.
Por lo tanto sin prospección de futuro.

Hay mucho por deshacer, tanto más para enmendar y un vasto espacio para recrear.
Problemas acuciantes que no pueden posponerse por convenciones constituyentes ni plebiscitos ni manejos burocráticos.
El hambre y la salud de los maltratados no pueden esperar.

Sobre las medidas inmediatas que se tomen para erradicar esta vergüenza deberá construirse un nuevo tejido social en el cual los de abajo tengamos una conciencia orgullosa de campesinos y de alfareros.
Y los de arriba la humildad necesaria para hacerse cargo de que no han sido elegidos para honores ni para besamanos, sino para cumplir con graves responsabilidades.

Pero el corolario ineludible es que lo que viene debemos encararlo con fuerza, con mesurado optimismo y entre todos.
Si es que con sinceridad queremos ser lo que debemos ser.

25 de Mayo de 2003