Carta de un hermano ausente

Gregorio Echeverría


Hola todos. Les escribo desde otra tierra. Desde otro cielo. Desde otras caras.
Lejos del Rosario donde nací. De Santa Fe donde conocí las inundaciones del invierno.
De Esperanza donde una vez me sonrió el amor. De Rafaela donde me ganaba a veces unos mangos.
De Reconquista, donde tengo un hermanito guitarrero. De San Javier donde los tobas.
De Carcarañá, donde un día se me murió el viejo. Antes de que llegara a conocerlo.
Si me pongo a tirar de la piola va a empezar a doler. Me voy a doler yo. Me van a doler ustedes.
Hace rato que cada vez que me miro al espejo duele. Y no por los cortes de la afeitada, no.
Duelen y pican tantas caras que aparecen. Tantos recuerdos que se vienen haciendo punta.
En serio, como en puntas de pie.
Las caras que me miran duelen porque ya no son. Ya no me pueden ver.
Me miran nada más porque yo las quiero y las recuerdo como eran antes.
Américo que perdió una pierna tratando de salvar al chancho de una creciente.
El viejo Ramírez, que me llevaba a pescar bajo los muelles del frigorífico.
Aquellos changos refugiados en los galpones del puerto cuando la del 65.
Los pibes que se tiraban de los puentes del Salado para agarrar las moneditas del tren. Tire dié… oiga, tire dié…
Santa Fe mi país. Nunca lo entendí. Hasta que me vine y no te vi más.
Hasta que empezaron a borrarse de mi memoria el color de tus trigales y los ceibos.
Hasta que mi nariz perdió la caricia de los molinos de girasol y los tostaderos de café.
Hasta que se me empezaron a humedecer los ojos al compás de Merceditas o Canción de cuna costera o Collar de caracolas.
Hay cosas que me están esperando allá.
El patio de una escuela que ya no es más mi escuela.
La campana de una iglesia que parecía un óleo de Fader.
Varios cuzcos que se mataban por el lambetazo y la caricia.
Los palos borrachos del parque Independencia.
Las reliquias del ingenio Germania.
Alguna velada memorable de la Sociedad de Canto de Esperanza.
La casa de los cuervos. Los atardeceres sobre la laguna Setúbal, al norte del puente.
Las islas de Hugo. Algunas tumbas mustias.
Debe ser que espero nomás que una mano me vengan mejores cartas.
Que alguno de ustedes haga de pie y mande como antes, entre amargo y amargo, vengasé compañero.

Tigre, junio de 2002