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Podríamos recordar algunos textos bíblicos acerca del
Diluvio.
También sería razonable acudir a los registros y estadísticas
de volumen de lluvia y altura de ríos.
Y alguien agrega que convendría echar un vistazo a proyectos
sancionados y proyectos cajoneados.
Por último algún "visionario" tal vez considere
perdonable subirse a la cuestión para resaltar futuras acciones
(siempre que me voten, por supuesto).
Yo prefiero compartir con ustedes unas pocas reflexiones personales.
Nací en la provincia de Santa Fe. Esto -claro-
ya condiciona en alguna medida mi punto de vista.
Viví 15 años en la ciudad de Santa Fe.
Ese tiempo me alcanzó para conocerla y quererla.
Santa Fe me dio el calor de sus veranos y la frescura de los atardeceres
en la vereda.
Con la infaltable cerveza, por supuesto.
En Santa Fe -contando entonces 17 años- gané mis primeros
pesos, como dibujante publicitario.
Detrás de las paredes de la facultad de ingeniería química
quedaron algunos planes incumplidos.
Esa ciudad me permitió adivinar el rastro aún vivo de
sus antiguos habitantes.
Me marcó con la imagen vertebral del viejo puente colgante.
Me dio mis tres hijos, de una mujer también nacida en la provincia.
Me regaló la paz impagable de sus ríos y de sus arroyos.
Grabó en mi alma la experiencia de varias inundaciones.
De las que guardo la vivencia de un sacrificio sin límites y
una inagotable solidaridad.
Santa Fe me dio amigos y un ámbito generoso para relatos y poemas.
Algunos afectos muy cercanos descansan bajo su tierra.
Supongo que lo que permanece a flote es la esperanza.
Todo lo demás ha quedado tapado por el agua.
El Talar, 7 de mayo de 2003
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