La luna se ha puesto |
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Joaquín Botella (para el diario
español El Faro)
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No sabemos qué pasaría
si quienes detentan el poder, en vez de aprovecharse de la ignorancia
ajena, llamasen a las cosas por su nombre. Por ejemplo, si, cuando empezó
la Guerra contra Irak, en lugar de atemorizarnos para intentar
justificar el ataque- con la pretendida amenaza de las armas químicas,
se nos hubiera dicho claramente que era una cuestión de petrodólares
y un medio para reafirmar la hegemonía militar estadounidense
(a cuya sombra algún petimetre pretendía medrar, sin caer
en la cuenta de que alguna pesada rama se le podía venir encima
y dejarlo sumido en la más completa oscuridad). Ese triunfo revela el miedo de una parte, la decisiva, de la mayoría, provocado por los atentados (el anterior rechazo a la Guerra no era suficiente, según las encuestas, para desbancar a los populares) y, en el ámbito internacional, coadyuva a hacer el caldo gordo a los terroristas islámicos, pues éstos han demostrado que son capaces de derrocar gobiernos y, cabe interpretar de la retirada de nuestras tropas, de intimidarlos. Afortunadamente ya estábamos curados en salud, puesto que el compromiso había sido adquirido mucho antes de que Zapatero ganara y, en cualquier caso, lo que sí sabemos es lo que nos dejó escrito Steinbeck: "...que la guerra es traición y odio, y torpezas de generales ineptos, tortura y muerte, y náusea, y cansancio; y que cuando todo ha pasado, lo único que queda son nuevos desalientos y nuevos odios... ...Si esa gente sigue gobernando en Inglaterra y en Estados Unidos, el mundo está perdido". |