Kirchner3 / Documento del FORENA

Con Kirchner la Nación argentina se puso nuevamente de pieHoy sabemos que el 25 de mayo de 2003 empezamos a dar vuelta una negra página de la historia argentina. Aquella que se inició en 1976 y que tuvo que ver con un proyecto conservador, neo liberal, dependiente, que empobreció a muchos y enriqueció a muy pocos.
El año pasado, sin embargo, muchos creían y otros apostaban que ese cambio no era posible. El pueblo argentino, aplastado por la crisis, desorientado, empezó a pensar que nuestro país no tenía destino. Muy pocos eran capaces en esos días de imaginar un futuro mejor, y el riesgo de precipitarnos en la disolución nacional, o en enfrentamientos internos de grupos, de sectores, ante el desgobierno, era una posibilidad cierta.

A pesar de los pasos dados por el gobierno anterior, parecía muy difícil encaminar la fenomenal crisis que desató la implosión de la Convertibilidad; sobre todo, si eso se pensaba realizar desde la dignidad nacional y la recuperación de las banderas y valores vinculados a la justicia, perdidos casi tres décadas atrás.
La claridad, la coherencia y la decisión de Kirchner sorprendieron a propios y extraños.
El pueblo argentino necesitaba imperiosamente volver a creer en sus propias fuerzas, necesitaba recuperar la confianza para empezar a salir del pantano. Frente al descrédito de todas las instituciones, la recuperación tenía que empezar necesariamente por reconstruir la esfera política, como ámbito para el ejercicio de la voluntad nacional de ser. Esto es lo que hizo con valentía el presidente Kirchner, enfrentando los intentos de condicionamiento de su gobierno por parte del menemismo, al acometer profundas modificaciones en el frente militar, afrontar el gravísimo problema de una Corte desprestigiada y corrupta, iniciar las negociaciones por la monumental deuda externa con firmeza y patriotismo, revisar la situación de las empresas públicas privatizadas, bajo la presión constante de los poderosos integrantes del G7. Todo esto se realizó mientras se tenía que contener la situación social de gran parte del pueblo argentino, sumido en la pobreza y el desempleo, y esto se hizo por medio de una política social inclusiva, que promueve los emprendimientos productivos y la cultura del trabajo, aunque sin desentenderse de las urgencias más extremas, como ocurrió con los casos de desnutrición en distintos puntos del país.
A pesar de los pronósticos pesimistas de la mayoría de los economistas del establishment, dentro de un contexto de extrema gravedad, la sociedad argentina reaccionó de manera sorprendente. Definido el rumbo estratégico del país, recuperados los instrumentos esenciales para una política económica nacional, en el aspecto monetario, cambiario y fiscal, se frenó la caída libre primero, y luego comenzó un proceso de recuperación sostenida. La Argentina, alentada por los gestos y decisiones del Gobierno demostró que cuenta con las energías y los recursos necesarios para generar un desarrollo sano y sostenible en el tiempo.
Para muchos todo esto era imposible, tan solo un año atrás. Sin embargo, se suele decir popularmente que “a lo bueno nos acostumbramos rápido”. Tan rápido, que algunos sectores pretenden olvidar este camino transitado, o peor aún, anteponer a los ojos de la gente, problemas sectoriales secundarios a los principales logros que la Nación obtuvo en este corto tiempo.

Impulsada por Kirchner, la Nación se puso de pie nuevamente, sacando lo mejor de sí misma. Un profundo cambio de mentalidad comienza a vislumbrarse; cuando antes se alentaba la especulación improductiva y el individualismo, ahora se escucha la importancia de defender el trabajo nacional, la industria, la necesidad de construir un Capitalismo nacional dinámico y transparente. Mientras antes se denostó a la política, lo que era funcional a la utilización del Estado como dispensador arbitrario de beneficios a los grupos económicos concentrados, ahora se percibe un renovado interés por la participación, una conciencia creciente de la importancia de la política como instancia de discusión pública de los problemas, de toma de decisiones colectivas, de control y regulación en resguardo del equilibrio social y la equidad. Si en la década pasada asistimos al abandono de una política exterior soberana, en pro del “alineamiento automático”y “las relaciones carnales” con la potencia del Norte, ahora empezamos a recuperar una política exterior realista y digna, capaz de negociar con firmeza y constancia en defensa del interés nacional, y de plantearse alianzas estratégicas en el marco regional e internacional
La nación se ha puesto de pie y ha recuperado algunos resortes centrales, sin los cuales es imposible imaginar un futuro digno para el país: se multiplican los espacios de participación y debate, hay un comienzo de revisión histórica del pasado reciente en busca de comprender, se mantiene la exigencia de conductas éticas hacia la dirigencia. Se afianza la creencia en la capacidad de la movilización y la organización como método de construcción de la política, y la creencia en la capacidad de autodeterminación de la Nación, aun en el marco del complejo mundo actual. La creciente movilización es el fruto de la conciencia de los derechos de una sociedad que exhibe los índices más alarmantes de injusticia en la distribución de su riqueza y como producto de ello, vergonzantes indicadores de desarrollo humano.

El gobierno, que es consciente de ello, no lo niega ni lo esconde. Asume la lacerante situación de injusticia y por ello se muestra tolerante con los débiles y exigente con los fuertes. Esto es aprovechado por quienes se beneficiaron escandalosamente en la década pasada, y pretenden agitar el fantasma del desgobierno y la anarquía ante los conflictos que subsisten, pero que -olvidan mencionar- fueron generados en gran medida por la aplicación del modelo neoconservador, concentrador de la riqueza en pocas manos.
Las dificultades siguen siendo infinitas. El Presidente ha dicho, con motivo del aniversario de la Independencia, que la recuperación de la Patria y su pueblo llevará mucho mas tiempo que su propio mandato. Pero simultáneamente y como muestra de todo lo que se debe hacer para avanzar en una política liberadora, anunció junto al presidente Chávez de Venezuela la asociación con este país para reparar y vender buques petroleros, para estudiar la constitución de una empresa conjunta de energía y otra de televisión para la cultura y la información de Latinoamérica. Esto es nada más que un ejemplo de que estamos en camino de superar la mentalidad mezquina y rastrera, para retomar el ideal de construir entre todos un país grande, libre y justo, sin dejarnos llevar por discursos engañosos, sino afrontando los problemas reales que nos agobian. Todos estamos convocados a esta gran causa nacional.

FORO PARA LA RECUPERACIÓN NACIONAL