Gustavo Soler

 

Gustavo Soler maniobra un lenguaje "casi" esotérico, sus frases bordean lo "religioso laico", una filosofía profética que nada tiene que ver con lo cotidiano, con lo contingente, con lo que el vivir nos obliga a vivir, en este mar horario de calles, cemento, exhortos, sociedades, rentas, divorcios, pagos, dividendos y luchas monetarias.

En esencia es un "humanista renacentista", que camina por dos senderos diferentes que, con preciosismo, aspira y sueña a juntar, pues los poetas se alimentan de ese deseo interminable de acoplar los contrarios, hacer posible —por lo menos de palabra— la validad del sueño que nos autoriza a inventar el amor entre un sapo y una libélula, o el canto entre el elefante, un ruiseñor y un cordero.

Gustavo Soler usa el vértigo de la palabra para mostrarnos su casi secreto mundo creativo, amasado con las angustias de Babel Buenos Aires y la espera esperanzada que la pampa húmeda nos promete a los que vivimos en estas latitudes limítrofes de sueños que pretendemos se hagan realidad en paz, trabajo y poesía.◊

Ariel Canzani, Olivos setiembre 1978

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué forma tuvo el sueño
antes que su energía descendiera
sobre los muros de magnolias
en la quinta estación?
Es la frontera de todos los silencios:
un corredor sin vientos ni sonidos
habitado tan sólo
por languidente frío sin origen.
No mueren no, las cosas.
Los años las devuelven
a rumbos inhallados
donde tornan al sueño
mezcladas con las voces
que nacen de las aves.

Gustavo Soler: Baladas del amor eventual