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Francisco Santos Olivera era el abuelo paterno del
ex-presidente del bloque justicialista del Concejo Deliberante de Tigre
entre 1983 y 1987, Francisco (Paco) Olivera.
Fue Socio Fundador de la Sociedad de Fomento de Benavídez y del
Club Atlético 12 de Octubre, de Tigre.
Presidente de la Sociedad Portuguesa de Socorros Mutuos. Miembro Emérito
de la Comisión Pro-apertura de la Av. General Paz y fundador
de la Biblioteca Popular Devoto Oeste.
En algún momento retomaremos la figura de este pionero que dejó
una profunda huella de humanidad y de lucha detrás de sus pasos.◊
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Marca de fuego
Francisco Santos Olivera
Yo también sé gustar de encajes y blondas,
del anaquel, de la filigrana y del arabesco,
mi planta no ignora el hollar alfombras
ni desconozco lo fútil y funambulesco
Las notas sutiles de cualquier melodía
conmueven mis músicas fibras breves
y el modesto incursionar en la poesía
espigando bellas letras, también me conmueve
Ante una mancha o esbozo quedo extasiado
si en ambos logró la paleta volcar belleza,
todo lo bueno y bello lo arrimo a mi lado
y lo útil también (aunque sea rudeza)
De ahí que intrascendentes menesteres
y, a veces, rudas labores hieren mis manos
empeñándome en humildes quehaceres
no menoscabo ni hiero lo humano.
Descender a ratos del alto campanario
donde tantos bronces tañen vanidad,
debe juzgarse tan bueno y necesario
como una delicada ofrenda de caridad.
Caridad para el enhiesto que se engríe
y mal se alimenta con falsos oropeles.
Caridad que al ofrecer su dádiva sonríe
sin agitar inútil de ruidosos cascabeles.
Caridad para las turbas hambrientas
de un ideario que mueva una acción,
pese a sus galas van harapientas
rodando famélicas
sin una ilusión.
La verdad que es paradoja de la vida
brinda impensadas perspectivas crudas
existencias hay que parecen vestidas
sin embargo, por estériles, están desnudas.
Es que, injustamente, se han olvidado
de la fecunda tierra, madre de todos nosotros,
Jamás doblaron el torso enquistado
Jamás el sudor corrió por sus rostros.
Y el sano placer de sentirse cansado
y bajo dintel amigo poder descansar;
no interesa
aún sin haberla gustado
indiferencia, al fin, de corte ritual.
Esa indiferencia, de pose afectada
soberbio exponente de inmensa nulidad,
le es muy difícil permanecer oculta
Por más que se exorne y quiera blasonar.
Es por eso que la sonrisa asoma irreverente
ante pechos rotundos de vitrina escaparate,
frente a rostros infatuados de giro docente
y ante gestos propicios a calibrarse
Y esa leve sonrisa, que acompañada luego
de la irónica pica, agigantará su esencia,
será la que estampe su marca de fuego
eterna, inflexible, a la suficiencia!
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