Gregorio Echeverría
A Hugo Mandón, in memoriam
Apenas la desmemoria intente barrer las huellas
de tu pie fundador sobre la playa,
reconvertidas en calcárea impronta de caracol o almeja
o vitrificado rastro de aguaviva, y la incuria
de ojo legañoso y estrábico pretenda sacralizar
los horizontes que vengativamente te devoran,
pisaré tu embarcadero, hermano. Anclaré mis velas al
borde
mismo de tu muelle, ataré con palabras
de cáñamo tus espaldas de silencio procurando modelar
con mis manos el hueco adonde acudan
a chisporrotear las convexidades de tu verso; tus espaldas
cimiento de minerales constelaciones,
tu silencio de hematitas y ceniza que exaspera mi silbo.
Entraré a la caverna de tus dolores y tus miedos, auscultaré
tus pipas. Los zapatos y tu lámpara y el humo
de tus historias y tus libros; convocaré tu voz, tu ascesis,
tu memoria y la sexualidad de tu archipiélago,
tu ausencia cenital espesándose en verdes de ribera.
Partiste, hermano, tosiendo desnudez
rumbo al ombligo de tus islas más profundas.
San Isidro, julio 1986