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Recuerdo aquel día que te conocí. Estaba
sentada en el umbral de la puerta de casa en medio de un calor que te
destruía hasta los pensamientos. La gente, sentada en las veredas,
con sillones de lona, se abanicaba con pantallas de cartón plegado.◊
Puentes de la Memoria, pág.
59
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Junio del 87
Mi querido:
Estuve leyendo algo de poesía. Mirá que se escribe para
abajo, como digo, pero ¡cuánta porquería! Son tantos
los poetas que abundan, escriben, celebran, se felicitan y tan pocos
los reales, los ciertos y, encima, permanecen ocultos, ¡qué
terrible!
Me parece estar viviendo una ficción, es tanta la apariencia,
el engaño, las falsedades, que no sé, a veces me toco
para ver si existo, en una de esas no, en una de esas esta piel ni siquiera
es mía o los pensamientos son prestados y, lo que es peor, en
una de esas yo soy lo que critico o temo, es decir otra falsa, otra
aparente ¡oh, no! ¡no! ¡no es así!
Es que a veces uno anda tan para la mierda que se despoja del pasado,
del presente y de todo lo que nos rodea y se mira para adentro y se
ve tan distinta, entonces empiezo a buscar mis parches y me siento bajo
el sol siestero de esta provincia que habito, los descubro, los desprendo
suavemente y, al unirlos, trato de que coincidan los vértices
y los lados de los parches que son cuadrados, de pronto tengo miedo
de que al terminar el zurcido, aparezca la figura de un monstruo o qué
sé yo.◊
Puentes de la Memoria, pág.
94
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