Silvia Braun

Usted que es tan señora

Mi abuela era una mujer fabulosa, como tal vez lo fuera su madre y la madre de su madre. La recuerdo con sus enormes ojos asombrados, su voz de caverna y la habilidad de sus dedos para trenzar el pelo que le llegaba hasta la cintura y que sujetaba en la nuca con horquillas.
Lo hacía a la hora de la siesta, bajo la sombra del sauce llorón que estaba en el fondo de la casa donde ella cuidó mi infancia. Allí pasaba la tarde con sus bordados y al atardecer rezaba el rosario.
Era una extraordinaria narradora. Mezclaba la realidad y la ficción con una habilidad tan sorprendente, que nunca supe dónde estaba una y dónde estaba otra.
Llegué a pensar que además de la sabiduría adquirida por los años, era una hechicera que ocultaba la magia que usaba para combinar las palabras.

(Prefacio de Usted que es tan señora)