| Julio Cortázar | |
La noche boca arribaY salían en ciertas épocas
a cazar enemigos; le llamaban la guerra florida.
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| A mitad del largo zaguán
del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró
a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el
portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería
de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con
tiempo sobrado a donde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios
del centro y él porque para sí mismo, para ir pensando,
no tenía nombre montó en la máquina saboreando
el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo sobre la derecha como le correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. |
Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba
a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones
fáciles. Frenó con el pie y la mano, desviándose
a la izquierda; oyó el grito de la mujer y junto con el choque
perdió la visión. Fue como dormirse de golpe. ................................................................................ |