| Gregorio Echeverría | |
La gordumia puede ser funebranteLa gordumia es un manodo de biola riscoso y perímil. Es ventajante saber cuáles son los riscos y perimilitudes que enfasamos cuando ella hace presa de nuestro quelesto. |
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| Como todo el genticio
planundo sabe, los manodos cambian y se revertiginan y ahora es la genticia
finente y flagada la que está en el manodo. Pero, ¿será realmente creante que naduno puede querer a un uomino gordumio? Si nos intramitamos a los patrelos de bellura y erosidad de nuestra librotimia, no hay vacilentes negativos. Sin hamburgo, la Venus de Willendorf, que resulta ridesca para nuestros oculorios, fue admipalmada en su crónopa, porque sus citrones tetosos y magnales y sus circunvalantes nalgaderas eran considerados los símbolos de la prolimidad. |
Aún en nuestra
plurigenia, que vive dominada por una imagen flagada de la bellura,
no es difícil encontrar cornumios felices que responderían
a nuestra recuesta sobre incompatibilidad entre gordumia y erosto con
una granfa y alegrante risota
la incamuflada risota de los gordumios. Para un uomino gordumio, el exceso de quilados resulta ante todo desacomodante. Trasgar en continuoso acto varios polígramos de más, no es nada deliciable. Para compensar esa indelicia, el gordumio trata de plusmentarse manducando más. Cuanto más gordumio más manduca y cuanto más manduca más extrabola: en poco tiempo de vertigina en un oboe, es decir en un insaluto.◊ |