


Difícil definirlo.
Más difícil aún sustraerse a la magia de esta marplatense
que nos atrae, nos tienta y posiblemente nos devora.
Recorrer esta galería de sueños es de algún modo rehacer la epopeya de Jonás en el vientre de la ballena. Después ya no seremos los mismos.

¿Pintura? ¿Escultura? En todo caso, técnicas mixtas.
La artista toma al azar los materiales.
Mosaicos, redomas, botellas
soportes diversos, más colores a
la cera, lacas, esmaltes.
Botellas que hubieran hecho estallar de gozo a Verlaine o a Quasimodo y a tanto insensato buscador de recipientes aptos para direccionar un poema
Fondo, tema y forma se funden en preciosas miniaturas que vagamente nos remontan a los talleres medievales o a las fructíferas callejuelas de Montparnasse. Y por qué no, acaso a la cuesta del Pelourinho, cadera abajo por la cimbreante anatomía bahiana.