[Melchor]
Estábamos todos los Magos celebrando la Festividad del Fuego
y las Estrellas, cuando vimos una luz intensa que apareció
sobre el lado del cielo de Persia.
Por su claridad parecía un sol.
Cuando nos preguntábamos acerca de su significado, un ángel
habló por nuestra boca:
"Ha nacido el Rey de los Reyes. La Luz emanada de la Luz".
Sin dudarlo, tomé 3 libras de oro del palacio del Rey mi padre
y me puse en camino.
[Locutor]
La palabra Mago deriva del pahlavi Magh o Mogh, es decir alguien que
posee un don superior.
Los futuros Magos eran cuidadosamente seleccionados entre las mejores
familias, de ahí que la tradición les atribuye, además
de Magos, la condición de Reyes.
En el mismo momento de su nacimiento, un sacerdote acercaba a sus
labios unas gotas de jugo de Haoma, una bebida sagrada.
Al cumplir 10 años recibían la túnica o sadre
y el cinturón o kushti que debían ceñir toda
su vida.
A los 15 años, luego de superar rigurosos exámenes,
eran admitidos en el culto.
Entre sus múltiples funciones, daban una suerte de extrema
unción a los moribundos y acompañaban luego al cadáver
a las Torres del Silencio, donde los buitres se ocupaban del resto
de la ceremonia.
[Gaspar]
Se dice que a partir de mí cambió la historia.
Según algunas leyendas, soy descendiente directo de uno de
los 3 hijos de Noé.
Algún vidente se refiere a mí como Amerim, seguramente
porque en sueños me habrá reconocido en mi condición
actual.
Posiblemente los chicos de ustedes me llaman Gaspar.
[Baltasar]
A mí me costó muchísimo, como a todos los negros,
hacerme un lugar en la mesa de los ricos.
Pude llegar al fin y al cabo, porque también llevo sangre de
reyes en las venas.
Y también porque soy muy rico, aunque muchos dicen que les
fascina mi sonrisa.
Como dicen los Luthiers, soy un hombre de color.
De color negro, por supuesto.
Aunque Martín Fierro, para buscarle la lengua al negro que
le ponía delante su sombra toda negra, maliciosamente le canta:
"Dicen que de tu color / Dios hizo al hombre primero
"
Claro, después que le canta, lo termina de una bruta cuchillada
[Gaspar]
No vale la pena que le cuente mis vidas anteriores.
El palacio del que dicen que fue mi padre no era de cedro ni de ciprés.
Eran casas más bien feas amontonadas unas al lado de otras,
en una isla estrecha sin pájaros y sin arroyos que unos peregrinos
fugitivos del mal humor de un monarca británico transaron por
monedas a otros peregrinos anteriores, que huyendo por su parte de
una malaria también monárquica (pero no sajona) se la
expropiaron a sus verdaderos dueños.
[Melchor]
Yo partí de Ecbatana la Hermosa con una pequeña comitiva.
Algunos camelleros, unos pocos pajes, algunos porteadores de provisiones
y mi maestro de meditación.
Llevábamos los alimentos necesarios para llegar a Babilonia.
Allí esperábamos reponer viandas, recoger alguna noticia
de las tierras del rey Herodes y reunirnos con Gatashpa, otro enviado
a quien ha llegado también el mensaje de la estrella y la visión
del ángel.
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[Baltasar]
Siempre me miran y me nombran con minúsculas y en voz baja, salvo
cuando resulte campeón del mundo de todos los pesos.
O el mejor basquetbolista del mundo.
O el corredor más veloz del mundo.
O un pastor defensor de derechos que no tuvo mejor suerte que el negro
de Martín Fierro.
[Melchor]
Los montes Zagros son particularmente inhóspitos en esta época
del año.
El Camino del Incienso es agradable durante la primavera, pero con el
frío nos llevará no menos de dos semanas esta etapa de
nuestro viaje.
[Gaspar]
Estos dueños legítimos de la islita vivieron desde entonces
huyendo de sacerdotes que los querían bautizar, de colonos malhumorados
que los querían encadenar a norias y arados, de niños
de buenas familias que pretendían montarlos como animales y de
cowboys que probaban sobre ellos la eficacia de sus armas.
Bueno, la islita fue cambiando de nombre.
Mejoraron el nombre y empeoraron las costumbres.
Ahora le dicen Manhattan.
[Baltasar]
Hasta hay quien pagó una fortuna para desteñirse la piel.
Es curiosa la historia del mundo.
Yo o alguno de mis antepasados estuvimos en Belén
aquella noche. La noche de la estrella. La noche de la luz.
Primero fue una voz en el alto silencio de la noche.
Las noches en el desierto de Arabia o en el de Libia, son frías
y silenciosas.
Tal vez haya ocurrido en el desierto de Sinaí.
[Gaspar]
Una noche se me presentó en sueños la imagen del que dicen
que fue tatarabuelo de mi tatarabuelo.
Me dijo, con su sonrisa bonachona:
Billy, Billy, yo ya estoy cansado de sacar a flote causas perdidas
y de lidiar con toda clase de animales.
Vos sos el último de mis descendientes y francamente no te veo
futuro.
Ni siquiera te veo imaginación.
¿Cómo se te ocurre llamar te Bill, en un país donde
desde el primer cazador de indios hasta el patrón de la taberna
de salones ovalados se llaman Bill?
Si querés el consejo de tu tatarabuelo, juntá tus petates
y hacéte un viaje a Taiwan, a Korea, a Hong-Kong, a Japón
si se te da la gana. Ellos tienen el mapa de un tesoro más grande
que el de Creso y el de Ciro. Tiene que ver con unos metales preciosos,
pero no son oro ni plata. Abrí bien los ojos cuando te hablen
de germanio y de selenio.
Así fue como hice mis primeros viajes a Oriente. Conversé
con todo el mundo. Firmé algunos acuerdos.
También algunos pagarés, para empezar con el negocio.
Casi todos estos pequeños imperios eran ricos porque se dedicaban
a la fabricación de chips.
Pero tenían una larga tradición de fabricantes y de mercaderes.
Seda, pólvora, faisanes, medias de nylon y últimamente,
prostitutas y computadoras.
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