Gregorio Echeverría

Los Magos de Oriente / 3

Versión libre para teatro del libro del mismo nombre, de Juan Carlos Lavarello.

[Baltasar]

Mi gente vivió siempre en las arenas, cerca del sol y lejos de las comunidades blancas.
La voz habló una y otra vez.
Siempre durante las altas horas de la noche.
Y nombraba siempre la llegada del Soliosch. El Mesías.
El Redentor.
Y hablaba también de la estrella que me marcaría el camino.
Porque estaba claro que la voz era un mandato.
Finalmente vertí en 3 tinajas varias medidas de betún y me puse en marcha detrás de la luz de mi estrella, que por la noche caminaba y caminaba y durante el día se detenía para que pudiera dormir y descansar.

[Gaspar]

Ahora todo este imperio de chips y computadoras es mío.
La última vez que se apareció mi tatarabuelo, me dijo que una estrella más brillante que la mía había aparecido hace 2000 años encima de su tumba, en los alrededores del monte Ararat, cerca de Siria o del Líbano.
Que me acercara por allí, porque la estrella anunciaba la llegaba de un gran mensajero.
Me dijo, exactamente, allí encontrarás, hijo mío,
los Portales de la Luz.
Lo curioso es que esto me lo dijo en inglés, aunque acostumbraba a dirigirse a mí en arameo.
Esto es lo que me dijo, exactamente: Gates, gates… the gates of light… Watergate or not to gate… God save you, Billy Gates!

De modo que tomé de mi caja fuerte 3 libras de germanio de alta pureza y abordé el primer vuelo hacia Tel-Aviv.
Y para decirles un secreto, mi nombre artístico —por llamarlo de alguna manera— es Bill Gates.
Aunque ustedes seguramente me siguen llamando Gaspar.

[Locutor]

Hay muchas, quizás demasiadas teorías respecto de la Estrella de Belén.
Que era una especial conjunción de astros que se da cada determinado número de años.
Que un cometa, que una nova, que un ovni.
Hasta se dijo que la estrella no existió, sino como símbolo de la fe que llevó a los Magos hasta Belén.
La tradición islámica establece que la llegada de un mesías o mensajero "será anticipada por ciertos signos precisos, como la conjunción de Júpiter y Saturno, que se verán juntos, como una sola estrella".
De todos modos, la índole de la estrella no interesa, sino el hecho de que llevó el mensaje a los Magos y los guió hasta su destino.
Es probable que el viaje de los Magos haya sido guiado por una estrella temporal.
Este es un accidente que se suele producir en la vida de una estrella. Hace que crezca hasta 12 unidades en su magnitud y aumente 100.000 veces su luminosidad.
En ocasiones, este crecimiento es mucho más importante. La estrella suelta de golpe todo su caudal de energía. Su magnitud aumenta hasta 22 unidades y su luminosidad unos cien millones de veces.

Hay una leyenda rusa que habla de un cuarto Rey Mago, llamado Tsaor.
Otras versiones, como el Evangelio Armenio de la Infancia de Jesús, afirman que los Reyes Magos fueron 12.

Incluso hay quienes, como el escritor Juan Carlos Lavarello, autor de un libro sobre este tema, llegan a la conclusión de que eran solamente dos: Melkhon y Gatashpa, o sea Melchor y Gaspar.

Sin embargo, uno de los Libros Apócrifos, el Evangelio Arabe de la Infancia de Jesús, asegura que en Persia, después de recibir el mensaje de la estrella, "tres Reyes, hijos de los Reyes de Persia, tomaron, como por una disposición misteriosa, uno 3 libras de oro, otro 3 libras de incienso y el tercero 3 libras de mirra.
Y se revistieron de sus ornamentos preciosos, poniéndose la tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos.
Y al primer canto del gallo abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en marcha, guiados por la estrella que se les había aparecido."

Según otra leyenda de época ignorada, el viaje duró 13 días, durante los cuales los Magos no tomaron alimento porque no sintieron necesidad de ello y les pareció que el viaje había durado sólo un día. Y que cuanto más se acercaban a Belén, se hacía más intensa la luz de la estrella.

[Baltasar]

Qué más da ser el emperador de Etiopía o un esclavo de Nubia. No cambiaría por ellos mi condición de rey de las tribus del desierto.
Hace diez días con sus noches venimos atravesando las arenas de la península.
Los emiratos están inquietos desde la Guerra del Golfo y ya no es fácil moverse con los camellos entre las caravanas de camiones tanque y los jeeps del ejército.
Sin contar con los infantes de marina y los paracaidistas, que no pasarían inadvertidos ni untándose la cara con bosta de camello.

[Gaspar]

Los aeropuertos del mundo son todos iguales. Igualmente insoportables. Y el de Tel-Aviv no es una excepción. Apenas salimos de la manga, tuve que sacarme de encima toda la policía del Sinaí, un oficial de inmigraciones, un chofer de taxi, un vendedor de pasteles y un par de prostitutas.
Me tomé el tiempo suficiente para darme un baño decente en el centro de la ciudad y tratar con un aerotaxi para volar hacia Teherán.
Con la caída persistente del Nasdaq no era el mejor momento para este viaje.
Aunque mirándolo bien, es una clara señal de que todo está normal.
Son códigos que no se le escapan a los perros de la prensa y a los paparazzi.
Según las instrucciones del tatarabuelo de mi tatarabuelo, llegaremos a Teherán a tiempo para ser testigos de un hecho que ocurrió hace exactamente 2000 años.

[Locutor]

De la populosa ciudad de Babilonia, donde habrían pernoctado y renovado por lo menos sus cabalgaduras y repuesto agua y víveres para la travesía, los espera el tramo más largo y penoso de su viaje, ya que deben recorrer 800 km de desierto, por rutas extrañas que los ponen a merced de bandidos y alimañas, tanto durante el recorrido como durante las paradas en los oasis. Incluso el peligro de los puestos romanos, donde los soldados podían ser aún más peligrosos que los salteadores del camino.